domingo, 12 de febrero de 2017

Primer entrada (sin albur).

Esta no es una historia de amor. Es más, ni siquiera es una historia de romance. Es más bien una historia de decepción; un esbozo de desafortunadas experiencias humanas. No me mal interpreten, en esta historia hay amor, sexo, aventura y romance; sin embargo, cuando la cosa se empiece a poner buena ¡boom! La vida te cacheteará como la gorda prostituta mal cogida que en realidad eres.

Todo empieza, como cualquier historia que valga la pena, con una búsqueda: una búsqueda del verdadero amor. Y a pesar de que todos queremos un final feliz, a estas alturas no se los puedo garantizar. Este es un viaje reflexivo y emotivo, una oda a la soledad y a la homosexualidad (obvio sospechaban que era joto por la impecable redacción). Pero mi estimado lector, no te desalientes, este blog es como la trágica presentación de Britney en los VMAs (sí, esa donde sale toda gorda, y estás casi seguro que huele a pipí y trae un cheeto en el cabello que quedó de la noche anterior): sabes que es patético, lastimero y la máxima expresión de la decadencia humana pero no podrás dejar de leer.

Durante el tiempo que escriba este blog, estaré haciendo una cruel e implacable crónica en mi búsqueda del amor verdadero (de neta). Estaré documentando con innecesario detalle mis desaventuras y patéticas situaciones; será un ácido viaje al mundo rosa de un jotangas Sinaloense.

Ahhhh! Creo que debo presentarme: obviamente usaré un pseudónimo y ocultaré los detalles personalizables de esta historia. Ustedes me pueden conocer como Xavier S. No, mejor como X. Sainz. Tengo 30 años y soy casi demasiado joto para funcionar. No soy feo, pero tampoco soy guapo: estoy justamente en la barrera en donde soy muy guapo para lidiar con la gente fea pero muy feo para divertirme con la gente bonita. Tengo uno de esos cuerpos como de luchador: espalda ancha, panza de esposo pobre golpeador (ya saben, de esos de los que le van al America) y piernas que hacen parecer que camino parado de manos (más adelante evidencia fotográfica).

Vivo en Ciudad de México, pero soy de Culiacán y pasé demasiado tiempo viajando por la frontera (eso explicará lo del pochismo que más adelante se hará notar). Tengo un trabajo que me medio apasiona y tengo un montón de amigos fabulosos regados por todo el mundo. En la universidad me acosté con todo mundo. Mis ídolos son Margaret Thatcher, Winston Churhill, Batman y mi amá.

Pero bueno, entremos al tema. Mi vida amorosa! Aquí va mi más reciente cita:

El Vegano.

Pos bueno. Conocí a un fulanito en Tinder, al cual nos referiremos como “El Vegano”. El Vegano se presentaba como un hombre lindo, atento y que solamente comía frutas y verduras. Quedamos de salir en viernes y así fue. Llegó tarde. Como uno de mis amigos dedujo antes de la cita “cero tiene cuerpo de vegano”, si acaso tenía cuerpo de tamal mal amarrado.  Fue una cita llena de silencios incomodos y mini-momentos en los que estuve a punto de decir “acaban de madrearse a mi tía otra vez, tengo que ir a levantar la denuncia” y salir corriendo tan rápido como joto en rally republicano en Texas. Pero no lo hice: mi decencia y mi incesante necesidad de agradarle a alguien con quien no quiere tener nada que ver, me venció.  Durante la cita, se descubrieron algunos datos interesantes: todavía vive con sus padres, tiene 35 años, tuvo una relación con un Colombiano y verdaderamente creía que tenía buen cuerpo.

Después de una cena aburrida, llena de detalles sin importancia esbozados para matar el silencio incomodo, fuimos al cine. Vimos el Aro 3 y lo único que me asustaba más que la idea de ver una película tan mala, era sostener un minuto más de conversación forzada con el vegano. Estaba a reventar de comida después de la cena, pero decidí que la única manera de sobrellevar el resto de la noche era atiborrando mi boca de confites, palomitas y sueños rotos (ya saben, lo que uno cena en viernes antes de quedarse dormido llorando).

Terminamos la cita, caminamos un par de cuadras y él pidió su uber. El uber llegó, junto con mi deseo de continuar con vida. Caminé a casa, y al regreso me encontré a dos buenos amigos terminando de tomar en un bar que se encuentra casi enfrente de mi casa. Tuvimos una breve y amena conversación y partí a casa.

El camino a casa fue lo mejor. Una noche hermosa y fresca en el corazón de la Ciudad de México; una buena canción sonando en mi celular y yo sólo, con ese sentimiento nostálgico que invade después de cualquier primera cita. Llegué a casa, tomé una jurisprudencia de la segunda sala de once hojas y la leí hasta que me invadió el sueño (ya sé, soy de flojera por leer jurisprudencias antes de dormir y por eso voy a morir sólo).

El vegano resultó ser una primera cita más. Una promesa idealizada por la incesante necesidad de encontrar el verdadero amor…

Ahhh, la foto del de abajo soy yo!!!!




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